
La historia de la Sociedad del Baile de Marcilla se remonta a 1953, cuando un grupo de jóvenes del pueblo decidió organizarse ante el riesgo de quedarse sin baile durante las fiestas. Hasta entonces, los bailes se celebraban en distintos locales, bajeras o espacios improvisados, y algunas peñas ya habían impulsado iniciativas para mantener viva esta tradición festiva.
Ese año nació la primera Sociedad de Baile de Marcilla, gestionada por una junta formada por jóvenes de diferentes peñas. Entre ellos estuvieron Manolo Goñi, Urbano Palacios, Prudencio Malo, Carmelo Catalán, Vicente Landa, Francisco Moreno, Jesús Garrido, Emiliano Fabo y Zoilo Landívar, entre otros.
Durante aquellos primeros años, el baile se convirtió en uno de los principales puntos de encuentro social del pueblo. Acudían orquestas como Irañeta, Quinteto Goya o la recordada Tizona, formada por músicos marcilleses. Los socios pagaban una cuota y podían invitar a forasteros, mientras que mujeres y casados accedían gratuitamente.
Un momento clave llegó en 1977, cuando, bajo la dirección de Amancio Garrido y Eugenio Sesma, se legalizaron los estatutos de la Sociedad. Esta formalización permitió aumentar el número de socios, fortalecer la economía de la entidad y dar un nuevo impulso a sus actividades.
En esa etapa se reformó el local, se organizaron charlas, campeonatos deportivos y nuevas iniciativas culturales y festivas. También comenzaron los bailes de sábados y domingos, amenizados por la orquesta marcillesa Cormorán, lo que convirtió a Marcilla en un referente de ocio y ambiente festivo para toda la zona.
Desde sus orígenes, la Sociedad del Baile ha sido mucho más que un lugar para bailar: ha sido un espacio de convivencia, juventud, música y tradición, profundamente ligado a la vida social de Marcilla.


